Hoy durante la clase de inglés he oído a unas chicas de mi clase hablar sobre una fiesta a la que van a ir y por eso he decidido poner unos tips sobre como ir vestido a una fiesta.
1-Si eres una chica debes tener en cuenta que todas van a ir con TACONES. Son un elemento importantísimo en el conjunto que os voy a proponer. Entiendo que haya gente a la que no le gusten los tacones o que se vea demasiado alta con ellos pero tened en cuenta que una vez dentro del local/casa/discotecta podréis quitaroslos sin ningún problema.
2-Falda de talle alto. Ahora es lo que más se lleva y se ha convertido en un fondo de armario. Hay de todo tipo y color; desde de plumas (son bastante llamativas y al contrario de lo que a primera impresión pueda parecer, son de lo más cómodas) a tener forma de tubo, de vuelo, con encaje...
3-Dependiendo de como sea la fiesta a la que vayas de parte de arriba te pones desde una camiseta blanca básica a una camisa de raso. Yo hoy os voy a proponer una camiseta verde que he diseñado yo misma. No sé si es posible comprarla o no pero yo os propongo un conjunto de mi entera creación.
4-Por último unas medias. Dependiendo de si es verano o invierno, elegís unas más o menos tupidas. Lo ideal si vais a llevar sandalias son unas que dejan los dedos al aire, es decir, que se paran justo antes. Se venden en cualquier mercería y quedan genial con las sandalias.
5-Aquí os dejo la imagen con el conjunto que yo había pensado para vuestra fiesta. Si os gusta intentad hacerlo con vuestra ropa y si no adaptadlo a vuestro armario.
Espero que os haya ayudado!!
Hasta la próxima entrada:
Sofía Berenguer
jueves, 28 de abril de 2011
martes, 26 de abril de 2011
Enfermedades
Cuando eres adulto, las enfermedades son una molestia más que rompe la triste rutina de la vida laboral. Cuando eres alumno, la cosa cambia. Una enfermedad (ojo, me refiero a algo leve tipo un resfriado o como mucho una gripe) supone unos días de descanso tras una agotadoras semana estudiando. Hay muchos amigos míos que se quedan días y días en sus casa convalecientes, pero no todos tenemos esa suerte. En mi familia la cosa funciona así: el primer día es fácil quedarse en casa. Te toman la temperatura, toses un poco, te desvelas por la noche y a la mañana siguiente puedes quedarte descansando. El segundo día tienes que ARAÑARLO (literalmente) y parecer realmente enfermo, casi agonizando, para poder seguie en casa. Encima, mis padres nos intentan motivar diciéndonos: -"Te veo con mejor cara" a lo que nosotros, viéndonos acorralados respondemos con un: -"bueno... si..." aunque sobra decir que no es así. El tercer día sin embargo, mi padre nos despierta puntualmente a las siete y media. Tú, que no has pegado ojo en toda la noche por el dolor de tripa/garganta/hueso/cabeza gimes por debajo de la almohada y dices: -"No me encuentro bien..." a lo que mi padre responde con una sonrisa y una frase filosófica del estilo de: -"Ya hija, ya lo sé"
Por eso a todos los que como mis hermanos y yo sufrimos este estrés cada vez que nos ponemos enfermos, sabed que no sois los únicos.
Hasta la próxima entrada:
Sofía Berenguer
Por eso a todos los que como mis hermanos y yo sufrimos este estrés cada vez que nos ponemos enfermos, sabed que no sois los únicos.
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Sofía Berenguer
lunes, 18 de abril de 2011
convivencias:la prueba de fuego
Hace unos días estuve en una convivencia. Sinceramente creo que son lo mejor del colegio; compartes habitación con tus mejores amigas, te libras de las clases, respiras tranquila disfrutando de esos pocos días sin tu familia (a los que quieres, pero que en ocasiones pueden llegar a saturarte) y sobre todo vives experiencias que no podrían sucederte en ninguna otra parte.
Por ejemplo, mi colegio nos llevó a un pueblecito de Soria y nos metió en un hostal situado en medio del bosque. Una de las noches nos hicieron ponernos en grupos de 13 (el número de la mala suerte, debería haberme dado cuenta antes) y nos dieron un pequeño cofre a cada grupo donde dentro se supon´´ia que estaba nuestro tesoro. Después cogieron a tres personas de cada grupo. Cada una de esas personas llevaban un trozo de papel en el que estaba dibujado una parte del mapa que indicaba donde había escondido su tesoro cada uno, y las tres personas se tenían que esconder en el bosque e intentar que los demás no les pillásemos. El grupo que más cofres tuviera al finalizar el tiempo (era una hora y media, de 10 a 11.30) ganaba.
Cuando sonó el silbato, todos salimos corriendo con nuestras linternas para buscar a los portadores del mapa. En poco tiempo acorralamos a dos chicos, y cuando íbamos a coger al tercero, saltó una valla y se internó en la oscuridad. Nos dividimos en dos; unos le seguimos y los demás buscaron un camino menos peligroso. Yo me quedé enganchada a la valla, así que como no tenía linterna se tuvo que quedar un amigo mío ayudándome. Cuando me conseguí desenganchar salimos corriendo. Habíamos escogido el camino difícil, así que todas las ramas y las plantas de nuestros alrededores nos pinchaban. A mí me rozó lo que debía ser una ortiga gigante o una planta venenosa por que en poco tiempo el brazo se me llenó de ronchas rojas. Aún así seguimos sin parar. Al poco tiempo llegamos a un riachuelo, que mi amigo (quiero recalcar que tenía una linterna) saltó sin problemas, pero yo no tuve tanta suerte y me metí de lleno en el fango, de modo que mis zapatillas quedaron literalmente inundadas. Y ahí estaba yo, con los pies empapados, el brazo hinchado, sola en el bosque y rodeada de hojas y ramas que crujían. Obviamente empecé a chillar pidiendo auxilio y aún pasaron cinco minutos aterradores hasta que vinieron a por mí.
Cuando mi amiga vio mi brazo, se separó del grupo (que n había conseguido capturar finalmente al culpable de todas mis penurias) y me llevó hasta los profesores. En el camino de ida, íbamos las dos caminando solas por un claro cuando se oyó un ruido a nuestras espaldas. Nos giramos y de pronto nos enfocaron diez linternas. Medio cegadas por la luz, pudimos oír con claridad la voz de un chico que gritaba "¡Tienen los mapas! ¡Cogedlas!" Por supuesto mi amiga y yo echamos a correr con todas nuestras fuerzas mientras agitábamos los brazos intentando explicar que no teníamos nada de nada. No nos atrevimos a parar por miedo a que nos hicieran un placaje antes de poder explicarles nada.
Cuando por fin les dimos esquinazo, nos paramos sudorosas y jadeantes cerca del hostal y caminamos muy despacio intentando recuperar el aliento.
Me dieron una crema antialérgica y después nos mandaron de vuelta a las habitaciones, sin dejarme siquiera explicar mi peculiar velada.
Por eso nada más volver decidí poner por escrito lo sucedido esa noche en este blog, para que si os ocurre algo similar, que estéis prevenidos ante lo que os pueda suceder.
Hasta la próxima entrada:
Sofía Berenguer
Por ejemplo, mi colegio nos llevó a un pueblecito de Soria y nos metió en un hostal situado en medio del bosque. Una de las noches nos hicieron ponernos en grupos de 13 (el número de la mala suerte, debería haberme dado cuenta antes) y nos dieron un pequeño cofre a cada grupo donde dentro se supon´´ia que estaba nuestro tesoro. Después cogieron a tres personas de cada grupo. Cada una de esas personas llevaban un trozo de papel en el que estaba dibujado una parte del mapa que indicaba donde había escondido su tesoro cada uno, y las tres personas se tenían que esconder en el bosque e intentar que los demás no les pillásemos. El grupo que más cofres tuviera al finalizar el tiempo (era una hora y media, de 10 a 11.30) ganaba.
Cuando sonó el silbato, todos salimos corriendo con nuestras linternas para buscar a los portadores del mapa. En poco tiempo acorralamos a dos chicos, y cuando íbamos a coger al tercero, saltó una valla y se internó en la oscuridad. Nos dividimos en dos; unos le seguimos y los demás buscaron un camino menos peligroso. Yo me quedé enganchada a la valla, así que como no tenía linterna se tuvo que quedar un amigo mío ayudándome. Cuando me conseguí desenganchar salimos corriendo. Habíamos escogido el camino difícil, así que todas las ramas y las plantas de nuestros alrededores nos pinchaban. A mí me rozó lo que debía ser una ortiga gigante o una planta venenosa por que en poco tiempo el brazo se me llenó de ronchas rojas. Aún así seguimos sin parar. Al poco tiempo llegamos a un riachuelo, que mi amigo (quiero recalcar que tenía una linterna) saltó sin problemas, pero yo no tuve tanta suerte y me metí de lleno en el fango, de modo que mis zapatillas quedaron literalmente inundadas. Y ahí estaba yo, con los pies empapados, el brazo hinchado, sola en el bosque y rodeada de hojas y ramas que crujían. Obviamente empecé a chillar pidiendo auxilio y aún pasaron cinco minutos aterradores hasta que vinieron a por mí.
Cuando mi amiga vio mi brazo, se separó del grupo (que n había conseguido capturar finalmente al culpable de todas mis penurias) y me llevó hasta los profesores. En el camino de ida, íbamos las dos caminando solas por un claro cuando se oyó un ruido a nuestras espaldas. Nos giramos y de pronto nos enfocaron diez linternas. Medio cegadas por la luz, pudimos oír con claridad la voz de un chico que gritaba "¡Tienen los mapas! ¡Cogedlas!" Por supuesto mi amiga y yo echamos a correr con todas nuestras fuerzas mientras agitábamos los brazos intentando explicar que no teníamos nada de nada. No nos atrevimos a parar por miedo a que nos hicieran un placaje antes de poder explicarles nada.
Cuando por fin les dimos esquinazo, nos paramos sudorosas y jadeantes cerca del hostal y caminamos muy despacio intentando recuperar el aliento.
Me dieron una crema antialérgica y después nos mandaron de vuelta a las habitaciones, sin dejarme siquiera explicar mi peculiar velada.
Por eso nada más volver decidí poner por escrito lo sucedido esa noche en este blog, para que si os ocurre algo similar, que estéis prevenidos ante lo que os pueda suceder.
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Sofía Berenguer
sábado, 9 de abril de 2011
Educación Física: el talón de Aquiles para muchos estudiantes
Para muchos adolescentes, las clases de gimnasia (o Educación Física) suponen un desahogo tras horas y horas sentados memorizando la lección. Sin embargo para muchos otros supone un par de horas a la semana sufriendo el tener que dar vueltas y más vueltas por todo el gimnasio y realizar actividades hasta que te deshaces en tu propio sudor. Yo, como podréis suponer, soy de las segundas.
Hace unos días mi profesor de gimnasia nos puso a practicar unos ejercicios de bolleyball. No se me suele dar mal así que cogí el balón con un aire de superioridad y me puse al lado de mis amigas para empezar con los pasos. Con el rabillo del ojo pude ver como el profesor se acercaba a nosotras con el cuaderno de notas para puntuarnos. Prefiero pensar que eso me puso nerviosa y que por eso se me fue la mano, pero la cosa es que el balón se fue en dirección contraria, le dio en la cabeza a mi compañera, rebotó contra el estómago de otro chico y cayó a los pies de mi profesor, quien sacudió la cabeza, puso los ojos en blanco y apunto algo en la libretita.
¿Y luego se preguntan por qué buscamos las excusas más insólitas para escaquearnos de E.F?
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Sofía Berenguer
Hace unos días mi profesor de gimnasia nos puso a practicar unos ejercicios de bolleyball. No se me suele dar mal así que cogí el balón con un aire de superioridad y me puse al lado de mis amigas para empezar con los pasos. Con el rabillo del ojo pude ver como el profesor se acercaba a nosotras con el cuaderno de notas para puntuarnos. Prefiero pensar que eso me puso nerviosa y que por eso se me fue la mano, pero la cosa es que el balón se fue en dirección contraria, le dio en la cabeza a mi compañera, rebotó contra el estómago de otro chico y cayó a los pies de mi profesor, quien sacudió la cabeza, puso los ojos en blanco y apunto algo en la libretita.
¿Y luego se preguntan por qué buscamos las excusas más insólitas para escaquearnos de E.F?
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Sofía Berenguer
miércoles, 6 de abril de 2011
El compañero de detrás
Los compañeros de clase son esas personas que pasan quince años junto a ti y que no conoces absolutamente nada de ellos. Los profesores tienen una fijación por ponerte al lado del compañero que peor te cae, al que menos conoces o incluso con el ex de tu mejor amiga. A mí me han sentado al lado de dos de mis mejores amigas, pero como si de una necesidad básica se tratara, mi profesora no ha podido reprimirse y me ha colocado delante de las dos chicas más tontas que conozco. Me he pasado el día entero con dolor de cabeza escuchando sus necias risitas sin poder decirles nada para remediarlo. Cuando por fin ha tocado la campana me he girado y les he lanzado una mirada de lo que yo creía que sería helado desdén pero que ellas han debido interpretar como un simple dolor de tripa.
En realidad no he debido ni molestarme porque como suele decir mi abuelo; el español medio no entiende las indirectas.
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Sofía Berenguer
En realidad no he debido ni molestarme porque como suele decir mi abuelo; el español medio no entiende las indirectas.
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Sofía Berenguer
martes, 5 de abril de 2011
Cursillos de inglés, el terror de cualquier adolescente
Esta mañana en el cambio de clase, mis amigas y yo hemos estado hablando sobre los cursos de inglés. Una de ellas quería apuntarse entre semana y me ha pedido su opinión. Ésto me ha hecho recordar un episodio que sucedió hace casi seis meses:
Mis padres me habían apuntado a un cursillo de inglés los sábados por la mañana, así que a las nueve, de manera puntual, me planté en la clase. De haber seguido mi primer impulso hubiera salido corriendo, pero inspiré hondo y me metí decidida en el aula. Tragué saliva y me senté en el primer pupitre que encontré, que por desgracia estaba situado justo detrás del típico corrillo de seis chicas (todas amigas de antes) que se habían apuntado al curso para dios sabe qué.
Cuando llegó el profesor nos obligó a presentarnos y después nos puso por parejas para hacer un ejercicio. A mí me tocó al lado de un chico de unos dieciséis años que solo pronunció una frase en toda la hora y ni siquiera la entendí porque la dijo en lo que según él era inglés británico. Tras treinta minutos de auténtica tortura, el profesor nos llevó a una sala con ordenadores donde comenzamos a realizar un proyecto. La parte buena es que no me tocó con el antipático (procuré ponerme lo más alejada de él posible), pero la parte mala fue mi nueva compañera. Se llamaba Gracia y era una de esas personas que están decididas a convertirse en tu nueva mejor amiga. Como yo no estaba por la labor, os podréis imaginar que no fue una hora especialmente grata.
En el tiempo del recreo nos dejaron con los ordenadores, donde aproveché para mandar varios SOS a mis amigas, aunque ninguna pudo hacer gran cosa para ayudarme. Tras unas cuantas clases más, por fin llegó la hora de marcharme a casa. Salí corriendo sin despedirme de nadie y me catapulté (literalmente) hasta mi coche.
Por eso cuando mi amiga me ha preguntado mi opinión sobre el curso no me ha quedado otra que poner mi experiencia en este blog y aconsejarle muuuucho cuidado a la hora de elegir el adecuado, porque puede traumatizarte para el resto de tu vida.
Hasta la próxima entrada:
Sofía Berenguer
P.D: Huelga decir que nada más llegar a mi casa obligué a mi madre a desapuntarme!!
Mis padres me habían apuntado a un cursillo de inglés los sábados por la mañana, así que a las nueve, de manera puntual, me planté en la clase. De haber seguido mi primer impulso hubiera salido corriendo, pero inspiré hondo y me metí decidida en el aula. Tragué saliva y me senté en el primer pupitre que encontré, que por desgracia estaba situado justo detrás del típico corrillo de seis chicas (todas amigas de antes) que se habían apuntado al curso para dios sabe qué.
Cuando llegó el profesor nos obligó a presentarnos y después nos puso por parejas para hacer un ejercicio. A mí me tocó al lado de un chico de unos dieciséis años que solo pronunció una frase en toda la hora y ni siquiera la entendí porque la dijo en lo que según él era inglés británico. Tras treinta minutos de auténtica tortura, el profesor nos llevó a una sala con ordenadores donde comenzamos a realizar un proyecto. La parte buena es que no me tocó con el antipático (procuré ponerme lo más alejada de él posible), pero la parte mala fue mi nueva compañera. Se llamaba Gracia y era una de esas personas que están decididas a convertirse en tu nueva mejor amiga. Como yo no estaba por la labor, os podréis imaginar que no fue una hora especialmente grata.
En el tiempo del recreo nos dejaron con los ordenadores, donde aproveché para mandar varios SOS a mis amigas, aunque ninguna pudo hacer gran cosa para ayudarme. Tras unas cuantas clases más, por fin llegó la hora de marcharme a casa. Salí corriendo sin despedirme de nadie y me catapulté (literalmente) hasta mi coche.
Por eso cuando mi amiga me ha preguntado mi opinión sobre el curso no me ha quedado otra que poner mi experiencia en este blog y aconsejarle muuuucho cuidado a la hora de elegir el adecuado, porque puede traumatizarte para el resto de tu vida.
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P.D: Huelga decir que nada más llegar a mi casa obligué a mi madre a desapuntarme!!
lunes, 4 de abril de 2011
Obras
¿Quién no ha sufrido alguna vez una obra cerca de su casa? Probablemente de ser esto una clase, y esta la pregunta de un examen, el 99,9% de los alumnos levantarían la mano. Ahora bien, ¿Cuántos segurían con la mano alzada si preguntásemos que cuántos de ellos han sufrido la obra EN el jardín de SU casa con los obreros jugando al fútbol en el jardín? Por desgracia yo sería una de ellas.
Hace casi un año se inició una obra en mi comunidad. A los vecinos se nos comunicó que en FEBRERO del 2011 finalizaría dicha obra, cosa que hoy, a día 4 de abril se me permitirá recalcar. Para más inri, los "trabajadores" (por llamarles de alguna manera) echan el día bebiendo cerveza y jugando al fútbol en el jardín, mientras los demás les observamos silenciosamente desde las terrazas.
La paciencia nunca ha sido mi punto fuerte, pero decidí resignarme y esperar que los doce meses terminaran. Cuál fue mi sorpresa cuando un vecino nos informó a mi madre y a mí, que nuestros "huéspedes" alargarían su estancia por unos cuantos meses más. Monté en cólera y escribí una carta al presidente de mi comunidad, aunque mis padres me prohibieron enviarla. Sin embargo, como compensación me ayudaron a crear este blog donde poco a poco comentaré todas aquellas cosas que me asombran (ya sea de manera negativa como positiva) y que me permitirán desahogarme y no montar en cólera.
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Sofía Berenguer
Hace casi un año se inició una obra en mi comunidad. A los vecinos se nos comunicó que en FEBRERO del 2011 finalizaría dicha obra, cosa que hoy, a día 4 de abril se me permitirá recalcar. Para más inri, los "trabajadores" (por llamarles de alguna manera) echan el día bebiendo cerveza y jugando al fútbol en el jardín, mientras los demás les observamos silenciosamente desde las terrazas.
La paciencia nunca ha sido mi punto fuerte, pero decidí resignarme y esperar que los doce meses terminaran. Cuál fue mi sorpresa cuando un vecino nos informó a mi madre y a mí, que nuestros "huéspedes" alargarían su estancia por unos cuantos meses más. Monté en cólera y escribí una carta al presidente de mi comunidad, aunque mis padres me prohibieron enviarla. Sin embargo, como compensación me ayudaron a crear este blog donde poco a poco comentaré todas aquellas cosas que me asombran (ya sea de manera negativa como positiva) y que me permitirán desahogarme y no montar en cólera.
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